CAMINANDO SOBRE LAS AGUAS
Mateo 14:22-33
Muchas veces pensamos que Dios no está a nuestro lado en las situaciones difíciles, este pasaje nos narra la historia de cómo Jesús estaba caminando sobre las aguas y aún su discípulo Pedro pudo hacer lo mismo, sin embargo a Pedro le faltó un poco más de Fe.
Jesús acababa de realizar un gran milagro: había alimentado a más de cinco mil personas con cinco panes y dos peces, algo que si yo mismo hubiera presenciado, estuviera perplejo, y reconocería el poder de El Señor en el acto; pasado esto manda sus discípulos al mar en la barca mientras ÉL sube al monte a orar, y en esos instantes de Su oración, sus discípulos están pasando dificultades en el mar. Mientras estamos desesperados, Dios tiene todo el control, la palabra dice que Jesús está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros (Ro 8:27); por mucho que la tormenta arrecie contra nuestra barca, El Señor está intercediendo a nuestro favor.
Pedro al ver que El Maestro está sobre las aguas desea ir a su lado, y se dirige a ÉL, pero el fuerte viento hace que dude; El Señor nos llama muchas veces a caminar sobre las aguas, esto puede ser algo imposible, es lo mismo que caminar de Su mano, es decir, caminar totalmente confiados de que ÉL está allí. En nuestro panorama normal, caminar sobre el agua es algo imposible, aún nosotros estando de paseo en la playa, inmediatamente entramos al agua nos hundimos. Pedro había presenciado uno de los grandes milagros de Jesús: la alimentación de la multitud, y por eso se sintió retado a ir al lado del Maestro.
¿Cuántas veces hemos visto los milagros de Dios en nuestras vidas?, creo que muchas veces, desde sanidades, liberaciones, hasta respuestas en las finanzas, pero ¿si Dios te llamara a caminar sobre las aguas, lo harías?, creo que también nos hundiríamos, de la misma manera que Pedro, porque cuando vemos las adversidades mucho mayores que el Dios que poseemos, nuestros pies empiezan a fallar, somos hombres y mujeres de poca fe.
30. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 31. Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32. Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. (Mateo 14:30-32). Cuando nos estamos hundiendo solo es necesario una cosa: clamar a Dios para que envíe su ayuda.
Pedro pidió auxilio al mayor rescatista: Jesucristo; El señor extendió su mano, abrazó a Pedro y entraron a la barca, pero dice la palabra que cuando entraron la tormenta se calmó; solo necesitamos que El Señor esté en nuestra barca para que todo se calme, para que pase y cese la tormenta, y estemos tranquilos.
Si hoy estás pasando por dificultades, te invito a que le pidas a Dios que entre en tu barca, no olvides que:
1. Aunque todo parezca perdido, Jesús está intercediendo al Padre a nuestro favor
2. El Señor desea que caminemos sobre las aguas (confiados en ÉL)
3. ÉL Entrará a nuestra barca para traer tranquilidad y salvación
Bendiciones.
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